2015년 8월 23일 일요일

La Quimera 3

La Quimera 3


ACTO SEGUNDO
 
Los jardines del palacio de Yobates. Una estatua de Eros.
 
 
ESCENA PRIMERA
 
CASANDRA, BELEROFONTE. (Viste aún el traje de viajero.)
 
_Casandra._--¿Nadie nos ha seguido? ¿Nadie nos espía?
 
_Belerofonte._--Nadie. Rumor de hojas agitadas por el viento de la
noche es lo que escuchas, amor mío, y sombras movedizas de ramas es lo
que tomas por cuerpos de perseguidores.
 
_Casandra._--Tengo miedo, miedo delicioso.
 
_Belerofonte._--Acércate á mí. No tiembles. Aquí hablaremos libremente.
¿Qué es lo que tanto ansías decirme?
 
_Casandra._--Casi no lo recuerdo. Antes de verte componía mil discursos
para recitártelos; y ahora que estoy á tu lado, ni una sola frase se me
ocurre. Sin embargo, algo grave... (_Dando un grito._) ¡Ah! Sí, ¡ya sé,
ya sé! ¡Huye, huye cuanto antes de este palacio! Mi padre tiene encargo
de darte muerte.
 
_Belerofonte._--¿Encargo? ¿Á mí?
 
_Casandra._--Las tabletas que trajiste contenían un mensaje de
Preto... ¿Comprendes? (_Pausa. Belerofonte guarda silencio._) ¡Veo que
comprendes! (_Con horror._) ¿Era cierto?
 
_Belerofonte._--Sí, Casandra. No he de mentir; cierto era.
 
_Casandra._--¡Mi hermana!
 
_Belerofonte._--Te amé en ella antes de amarte en ti misma. Es tan
hermosa como tú, pero tú, piadosa virgen, por dentro eres blanca como
el vellón de las ovejas de tu aprisco; á ti, no á ella, aspiraba mi
espíritu, ansioso de algo muy grande. La propuse que siguiese mi
errante destino y rehusó: no quería dejar el palacio donde es reina, el
lecho de marfil, las ricas estancias con artesonados de cedro. No me
quería.
 
_Casandra._--Yo iré á donde tú vayas, y pisaré tu huella con los pies
descalzos. Si esposa, esposa; si amante, amante; si esclava, esclava.
La helada Escitia y la Líbia ardorosa, infestada de áspides, me son
iguales contigo. Descender al reino de las sombras reunidos, ¡qué
alegría! Tu vista fué para mí como filtro de maga. Quisiera bajar á lo
más secreto de tu espíritu, como bajan al fondo del Océano los buzos
para traerme las perlas de mis collares.
 
_Belerofonte._--Baja, y sólo encontrarás tu imagen celeste. Casandra,
mañana á esta misma hora huiremos de aquí juntos.
 
_Casandra._--¿Mañana? No; hoy mismo, ahora. ¿No ves que quieren hacerte
morir? Pronto, pronto. Conozco el camino hasta la selva: he ido allí
con mis rebaños. Te guiaré.
 
_Belerofonte._--Antes de arrebatarte de aquí como el milano á la
paloma, tengo que cumplir mi destino heroico: tengo que vencer y
exterminar á la Quimera.
 
_Casandra._--¡Á la Quimera! ¿Pero no ves que ése es el medio que
han elegido para enviarte al reino de las sombras? Nadie vencerá al
monstruo. Hace pedazos á quien se aproxima. No irás: te sujetaré con
mis brazos.
 
_Belerofonte._--Iré y la venceré. Presiento que la sombría Diosa
que me guía, la más poderosa de todas, la Fatalidad, cuyo templo se
eleva frente al palacio de mi padre, ha decretado que al endriago lo
extermine yo. La sola idea del peligro y del horrendo combate, la
perspectiva del momento en que hundiré mi espada hasta el puño en el
escamoso pecho de la Quimera, mientras sus garras de acero pugnarán
por clavarse en mi cuerpo y resbalarán sobre la tersura de la coraza,
¡ah! estremece mi corazón de gozo y de locura, como á la virgen el
abrazo del esposo. Casandra, Casandra mía, ¿de qué nos sirve haber
sido concebidos en el vientre de nuestras madres y haber visto la luz
de Apolo y gustado el tuétano y el añejo vino, si hemos de vivir en
cobarde obscuridad? Antes morir joven, espiga segada verde aún, que
envejecer en miserable inacción. Déjame ir á la Quimera. La adoro con
rabia: ¡de otro modo que á ti! ¡pero también, también la adoro!
 
_Casandra._--Yo siento igualmente una especie de atracción extraña por
el monstruo. Quisiera conocer su aspecto terrible. ¿No sabes? Desde
que apareció por estos contornos, mi padre no me permite salir al
aprisco ni visitar los establos. Teme que encuentre al monstruo y sufra
la suerte de otras doncellas, que arrastró á su cueva para devorarlas.
Y yo, sin pavor, anhelo verla: mis ojos tienen sed de ella, como tienen
sed de ti.
 
_Belerofonte._--Muerta te la traeré y á tus pies arrojaré sus despojos.
Y mañana, á esta hora...
 
_Casandra._--¡Juntos!
 
_Belerofonte._--Para siempre.
 
_Casandra._--¡Á pesar de todos!
 
_Belerofonte._--De todos y de todo.
 
_Casandra._--De aquí á mañana, ¡cuánto tiempo!
 
_Belerofonte_.--Acortémoslo. No me separo de ti hasta que amanezca.
 
_Casandra._--De aquí al amanecer, ¡qué corto plazo!
 
_Belerofonte._--Ya declina la luna.
 
_Casandra._--Y el aroma del nardo es menos penetrante.
 
_Belerofonte._--Todavía embriaga.
 
_Casandra._--Desfallece con él mi espíritu.
 
_Belerofonte._--¡Qué silencio tan dulce!
 
_Casandra._--Oigo los latidos de tu corazón.
 
_Belerofonte._--No; es el tuyo.
 
 
Mutación.--Sitio solitario y salvaje, donde se ve la entrada de la
cueva de la Quimera.
 
 
ESCENA II
 
CASANDRA, MINERVA
 
_Casandra._--Aquí debe de ser. Veo la boca del antro. Escondida detrás
de aquellos peñascales asistiré al combate; y si mi amado perece,
saldré á entregarme al monstruo para que me haga pedazos también.
 
_Minerva._--¿Cómo en este paraje hórrido, Infanta de Licia? ¿Cómo
has abandonado tus estancias atestadas de riquezas, tus jardines
deleitosos, donde músicos y rapsodas, mimos y acróbatas, porfían en
inventar canciones y juegos con que entretenerte? ¿Ignoras cuánto valen
la paz y el honor de que disfrutas? ¿No piensas en la aflicción de tu
padre, si la Quimera te destroza? Vuélvete.
 
_Casandra._--¿Quién eres para hablarme así?
 
_Minerva._--Un numen.
 
_Casandra._--No me suena tu voz cual suena la de los númenes y los
oráculos. Voz me parece de la tierra, de la pedestre prudencia y de
la senil sabiduría. Los númenes deben alentarnos cuando un generoso
arranque nos alza del suelo. Quizás entonces nos parecemos á los
númenes. ¡Númenes somos quizás!
 
_Minerva._--¡Insensata! ¡Nadie me ha desdeñado que no se haya
arrepentido! Otro consejo, y desóyele si quieres. La Quimera va á salir
de su guarida...
 
_Casandra._--Sí; percibo el sofocante calor de su resuello.
 
_Minerva._--Olfatea la presa. Apártate, huye: la atrae tu presencia.
 
_Casandra._--¿La tuya no?
 
_Minerva._--No. Para ella soy invulnerable.
 
(_Salen Casandra y Minerva._)
 
 
ESCENA III
 
BELEROFONTE (armado con coraza, espada y escudo), UN PASTOR.
 
_Pastor._--Estamos en la madriguera del monstruo. Esa es la entrada.
Te he guiado bien; ahora déjame volver á mi aprisco. Me tiemblan las
rodillas, y un sudor helado corre por mi frente. Yo no soy héroe, sino
pobre pastor.
 
_Belerofonte._--No temas, quédate sin miedo. La Quimera va á perecer.
Verás su cuerpo deforme tendido en tierra. ¿No te agrada la lucha? De
pastores de ovejas han salido pastores de pueblos.
 
_Pastor._--Cuando la Infanta Casandra venía al aprisco, y con sus
propias manos ordeñaba las ovejas, yo deseaba haber conquistado un
reino, para que no se burlase de mí y no me abofetease si la cogía por
la cintura. Por temor al monstruo hace tiempo que no viene. ¿Volverá
si la Quimera sucumbe? Entonces dame espada y escudo. Antes que tú,
pelearé.
 
_Belerofonte._--Á tus rebaños, pastor. No son para ti estas empresas.
Déjame solo. ¿No oyes un ronquido extraño? ¿No percibes tufaradas de
boca de horno?
 
_Pastor._--¡La Quimera se revuelve en su antro! Mi vista se nubla, mis
dientes castañetean... (_Huye despavorido._)
 
 
ESCENA IV
 
BELEROFONTE, MINERVA
 
_Minerva._--Alienta, hijo de Glauco, domador del corcel divino. Libra á
la tierra de ese endriago que trastorna las cabezas y me impide hacer
la dicha de la humanidad, apagando su imaginación, curando su locura y
afirmando su razón, siempre vacilante. Muerta la Quimera, empieza mi reinado. Invisible estaré cerca de ti. Cuando el monstruo se te venga encima, no busques su vientre ni su pecho; métele la espada con rapidez por la abierta boca. Serenidad y puños, Belerofonte.

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